jueves, 18 de abril de 2013

Encuentros culturales: extrañeza, tecnología

En este artículo se agregan algunos elementos para seguir pensando las relaciones entre distintas culturas, para reflexionar sobre lo que puede suceder(nos) en el encuentro ante otra cultura distinta de la nuestra:


1) El encuentro de los incas con el soldado negro de Pizarro

La primera impresión frente a un encuentro cultural es la extrañeza. Esto les sucedió a los incas cuando entran en contacto con las fuerzas de Pizarro en la localidad portuaria de Tumbez. Los americanos no salían de su asombro con los barcos españoles (para ellos verdaderas "casas flotantes"), las vestimentas y barbas de los europeos, las armas, las comidas y el vino... pero el colmo de las sorpresas lo tuvieron quizá al contemplar por primera vez a un hombre negro (pretendían “despintarlo” arrojándole agua).

Seguidamente, unos párrafos que ilustran la situación:


"Era una costa limpia, sobre la que se asentaba una ciudad bien trazada, en cuyo puerto se agrupaban balsas y almadías (nota: canoa) sólidamente construidas, en las que se afanaban los indios amontonando o descargando fardos (...). Ante la vista de casas bien construidas de piedra…, comprendió Pizarro que se hallaba ante algo similar a lo que pocos años antes hallara Hernán Cortés en tierras del norte. Debía proceder con tacto... Son momentos que pueden llamarse estelares, cuando una decisión cambia el rumbo de los acontecimientos. Si Pizarro hubiera dejado manifestarse el interés de los españoles por las riquezas materiales, hubiera despertado las suspicacias de los indígenas, que se aprestaban sorprendidos a dar amistosa acogida a aquellas extrañas gentes.

Acostrumbrados los indígenas a sus balsas o a sus canoas (...), no podían comprender cómo flotaba sin hundirse aquella casa de madera sobre las olas, y cómo en ella se albergaban hombres muy diferentes a ellos, pues tenían en la cara lanas como las de sus animales (las llamas y alpacas, que aún los castellanos no habían visto) y se cubrían con vestiduras metálicas. Pero no se trataba de gente monstruosa, sino solamente diferente; por ello (...) el curaca o jefe local de Tumbez dispuso aposentamiento para los visitantes. Casualmente se hallaba en Tumbez entonces un noble cuzqueño... (con gran) curiosidad por conocer la casa flotante... En una barca de totora se llegó al barco y todo fue sorpresa para él: la consistencia de los trajes, lo extraño de los arreos, el metal de las armas, los alimentos, el vino... Todo ello le fue mostrado y ofrecido con hospitalidad castellana por Pizarro, que con ello estaba favoreciendo la acogida que el Inca le depararía más adelante. (El buen trato) del noble cuzqueño le produjo honda impresión, pues le daba idea de la naturaleza de la organización de aquel reino, que quizá fuera posible añadir a la Corona española como había hecho Cortés.

No se había efectuado aún desembarco alguno de personas, aunque sí se sabía de la oferta de alojamiento del curaca, y a Pizarro le pareció que sería conveniente ofrecer algún obsequio a este jefe indio, para proceder en consecuencia. Determinó enviar a Alonso de Molina con regalos para el curaca, haciendo que le acompañase un negro que había venido desde Panamá. Se produjo entonces el primer contacto entre dos mundos que se desconocían y que eran radicalmente diferentes en la esencia y en la forma. Fue más que contacto un choque de emociones. Si Molina regresó al navío contando desatinos, que hicieron creer a Pizarro y sus compañeros que eran exageraciones (delirantes), los indígenas no supieron (disimular la sorpresa).

La barba de Molina, la negrura del africano y las vestiduras de ambos fueron motivo de admiración, que no se (detenía) en la mera contemplación, sino que pasaba a los hechos, medio desnudando al español o rociando con agua al negro, por ver de quitarle el color. En lo que tuvo más éxito Molina -y lo que más impresión le causó a él- fue en su trato con las mujeres, que se sentían atraídas por la apostura, y lo demostraban. Los regalos del capitán -algunos cerdos y un gallo- produjeron también enorme sensación, sobre todo cuando el último se ponía a cantar.

Lo que más impresionó a Pizarro del entusiasmo de Molina fue que todo ello denotaba la existencia de un verdadero reino, del que el curaca era solamente súbdito de una autoridad superior, a la que debían acatamiento político, obligaciones sociales y económicas, y también militares. Para corroborar esta impresión, sin decir a Molina que dudaba de su informe, Pizarro envió un nuevo emisario, que esta vez fue el griego Pedro de Gandía, que -hombre presumido- se acicaló para el desembarco, y bajó a tierra. Armado y vestido de punta en blanco, reluciendo la armadura, y con su arcabuz preparado. Cuando los tumbecinos le pidieron que hiciera uso del arma (...) Gandía no se hizo rogar, espantando a los presentes con el estruendo del disparo. Dejándose impresionar menos que Molina por las miradas de las indígenas, Gandía visitó ampliamente la ciudad, conoció la fortaleza de sus construcciones y de sus defensas y visitó el convento (así lo llamaron luego los españoles) de las mama-cuna, donde estaban recluidas las Vírgenes del Sol, dándose cuenta de la riqueza con que los incas adornaban y engalanaban sus lugares sagrados. Todo esto iba anotándolo Pizarro, así como la noticia de que la riqueza y el esplendor de las ciudades del sur, especialmente Chinca, eran mayores que en Tumbez. Se decidió entonces continuar la exploración.

BALLESTEROS, Manuel (1987): Francisco Pizarro.
Historia 16 - Quorum, Madrid.
Págs. 41-43 (el resaltado en negrita es mío).


2) Los aztecas: la ciudad flotante de Tenochtitlán y el cultivo en chinampas

Las imágenes que siguen pretenden ilustrar la diferencia entre tecnología y cultura a través del caso del encuentro aztecas-españoles. Los americanos habían construido la ciudad de Tenochtitlán sobre el lago Texcoco (una ciudad sobre el agua como Venecia), a la vez que habían desarrollado el cultivo en chinampas, desconocido en Europa. Sin embargo, los españoles habían desarrollado la tecnología militar hasta un grado impensado para América.



El valle de México y el lago Texcoco
El valle de México fue el asiento del poderoso Imperio Azteca en el México central. La mayor parte estaba cubierta por cinco lagos, de los que sólo queda el de Texcoco, muy reducido de tamaño. En él, los aztecas construyeron su capital, Tenochtitlán.






La ciudad de Tenochtitlán
Tenochtitlán, capital del imperio azteca, asentada sobre el agua, como Venecia en Europa.









Las chinampas
Estas islas artificiales, llamadas "chinampas", daban varias cosechas al año a los aztecas. Se abrían canales en los pantanos y se amontonaban cañas y vegetación podrida en unos muros de contención; todo ello servía de lecho a las capas de tierra que se renovaban periódicamente con cieno del fondo de los canales. Los cauces plantados en las orillas y las esquinas retardaban la erosión.





CONSIGNAS

Luego de la lectura y análisis atento de los textos e imágenes ofrecidos, cada grupo deberá subir como comentario una reflexión sobre UNO de los dos temas propuestos:

TEMA 1:

La sensación de extrañeza en el encuentro españoles-incas. ¿Cuáles eran los elementos que sorprendían inicialmente a cada una de las culturas? ¿Qué puede suceder una vez superado el primer encuentro, qué conductas pueden asumirse?

TEMA 2:

La diferencia tecnología-cultura en el caso del encuentro españoles-aztecas. ¿Por qué se impusieron los europeos a los americanos?, ¿eran los primeros más cultos que los segundos, o tenían acaso un mayor desarrollo tecnológico... o quizá había diferencias en las distintas ramas de la tecnología, en todo caso en cuáles?

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